La semana pasada asistí a una capacitación sobre primeros auxilios. El ponente inició preguntando al público qué sabían sobre primeros auxilios y, pasados escasos segundos de silencio, comentó que tomaría en cuenta la participación de cada uno en su evaluación, evidentemente molesto porque nadie había respondido su pregunta de inmediato. Este es un sencillo ejemplo de la manera en la que el silencio a veces nos resulta incómodo y de la manera en la que, en nuestro intento por evitarlo, bloqueamos el flujo de una comunicación asertiva.

Probablemente, si el ponente hubiera esperado unos segundos más, alguien hubiera respondido su pregunta, animando al resto a seguir comentando. Sin embargo, no lo podemos juzgar, puede suceder a cualquiera de nosotros porque esos pocos segundos de silencio suelen parecer eternos para la persona que está esperando una respuesta.

El silencio sin duda es un elemento importante de la comunicación que realizamos en el día a día. Para algunos de nosotros resulta ser un reto porque en ocasiones ese silencio nos da un espacio para alimentar nuestras inseguridades y preguntarnos si estamos diciendo lo correcto, si estamos incomodando al otro o si somos lo suficientemente interesantes. Pero, si somos lo suficientemente hábiles, podemos utilizar el silencio como una herramienta a nuestro favor.

Promover la empatía
El silencio nos brinda la oportunidad de poner atención a nuestra comunicación no verbal, que involucra gestos, posturas y movimientos. Esta comunicación puede transmitir más empatía que cualquier cosa que podamos decir. ¿Qué haces mientras escuchas a los demás? Algunos elementos importantes son mantener el contacto visual, sonreír o hacer gestos acordes, mantener una postura abierta o incluso imitar la postura del emisor.

Escucha activa
Muchas veces utilizamos el silencio simplemente como una manera de esperar a que sea nuestro turno de hablar y nos encontramos más concentrados en lo que diremos a continuación que en lo que la otra personas está diciendo. Prueba dedicarte únicamente a escuchar, no importa si cuando sea tu turno de hablar te tomas un momento para acomodar tus ideas.

Autocontrol
Si eres una persona a la que le cuesta controlar lo que dice cuando está molesta, el silencio es una práctica necesaria. Tomarte un momento de silencio antes de hablar puede evitar que el conflicto continúe o que se vuelva más grave de lo que era al inicio.

Comunicación efectiva
Nuestro intento por romper el silencio de manera rápida a veces nos lleva a decir cosas que quizás no eran las más inteligentes, adecuadas o necesarias. Aunque parezca sorprendente, muchas veces el silencio, acompañado de la comunicación no verbal adecuada, promueve que la plática continúe de manera más efectiva que si se realizara pregunta tras pregunta.

Quizás estés pensando que tienes dominada la habilidad del silencio; sin embargo, es algo a lo que cotidianamente no ponemos atención. Te invitamos a que tomes consciencia de la manera en la que te comunicas; una manera fácil, y francamente reveladora de hacerlo es grabarte mientras interactúas con otras personas en el trabajo; puede ser en el trato con los clientes, en una junta o en una ponencia, dependiendo de tu profesión. Quizás descubras algo nuevo sobre ti.

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