¿Qué responderías si te preguntara qué tan creativo eres? Normalmente pensamos que la creatividad es cosa de diseñadores, publicistas o artistas, y tomamos poco en cuenta la manera en que la practicamos en nuestra vida diaria. Puede estar presente desde en la manera en la que resuelves la situación cuando te hacen falta ingredientes para el desayuno hasta en crear una nueva empresa.

La creatividad está relacionada con el éxito laboral y social e incluso la salud mental, por lo que no está de más tratar de mejorar nuestras habilidades creativas. Aquí te damos algunas sugerencias para hacerlo.

La creatividad comúnmente es entendida como el proceso de crear o producir algo de la nada…aunque no estamos tan seguros de que eso sea cierto. Una manera más cercana a la realidad de entender la creatividad consiste en encontrar procedimientos para realizar una actividad de manera distinta a la tradicional con la intención de satisfacer un determinado propósito. Y es que, en la gran mayoría de las ocasiones, cuando creamos, construimos sobre algo ya establecido, ya sea por nuestra experiencia o por lo que podemos aprender de los demás.

Constantemente se nos dice en la escuela que realicemos nuestro propio trabajo, sin copiarle a nuestro compañero de al lado. Sin embargo, una de las maneras más sencillas de propiciar la creatividad es justamente: copiarle a otros. No me refiero a borrar su nombre y cambiarlo por el nuestro, sino tomar ideas y construir a partir de ellas o mejorarlas. Y es que si queremos encontrar nuevas ideas, debemos darnos la oportunidad de aprender de los demás: puedes leer libros del tema, ver videos o platicar con personas que te inspiren, entre más puntos de vista mejor.

Las relaciones interpersonales y el trabajo en equipo son herramientas que pueden ser sumamente útiles al momento de desarrollar ideas creativas. Sin embargo, en algunos trabajos la competencia entre empleados los lleva a buscar que su idea sea la más destacada, impidiendo así el trabajo en equipo.

Uno de los elementos más utilizados es la lluvia de ideas, en la cual se pide a los miembros del equipo que den todas las ideas que se les vengan a la mente, buscando encontrar ideas originales. Sin embargo, es frecuente que una vez que uno de los miembros del equipo ha dado una idea, los demás integrantes continúen en la misma línea de pensamiento; por lo tanto, la manera más efectiva de realizar esta lluvia de ideas es dar tiempo a los integrantes para que piensen en ideas de manera individual y posteriormente compartirlas en grupo. Dos cabezas piensan más que una.

Muchas veces pensamos que aquellos que consideramos como creativos son los que tienen las mejores ideas. Sin embargo, en muchas ocasiones los creativos son mas bien los que comparten esas ideas sin miedo al fracaso. Y es que nuestras ideas no pueden crecer mucho si no nos atrevemos a compartirlas. Cuando platicamos nuestras ideas, así parezcan muy alocadas, las personas que nos rodean pueden contribuir a mejorarla o nos pueden dar una visión distinta.

Otra manera sencilla de promover la creatividad es caminar. En un estudio de la Universidad de Stanford, las personas que caminaron unos minutos antes de resolver un problema previamente dado obtuvieron el doble de ideas creativas que aquellos que permanecieron inmóviles. El estudio encontró que no hay diferencia entre caminar en una caminadora o al aire libre, por lo que es un hábito que fácilmente puede integrarse en el día a día durante el proceso creativo.  

Esta última sugerencia quizás ya la estés llevando a cabo, se trata de procrastinar. Y es que una investigación mostró que aquellas personas que procrastinan tienen niveles más altos de creatividad que aquellos que realizan la tarea de inmediato. Tiene que ver con una sencilla explicación: los procrastinadores tienen más tiempo de pensar, de cambiar de idea, de inspirarse en lo que sucede a su alrededor, mientras que aquellos que realizan la tarea de inmediato pueden únicamente quedarse con su primera idea. Si no eres un procrastinador puedes intentar dejar algunas ideas sin concluir y volver a revisarlas más tarde, quizás en el tiempo de espera se te ocurran nuevos elementos.

Finalmente, existe una segunda etapa de la creatividad, y es quizás la más difícil, aunque también la más satisfactoria. Se trata de convertir las ideas en acciones, a esto le llamamos innovación. La parte más retadora es probar nuestras ideas, sin duda no todas van a funcionar, pero hay que recordar que los errores son parte del proceso creativo y que a veces son los que llevan a las mejores ideas.

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