Sin duda uno de los retos del docente es lograr que sus alumnos participen en clase, y que además participen de una manera que enriquezca su aprendizaje, no sólo comentando sobre la noticia de moda del día. A veces nos topamos con silencios sepulcrales cuando lanzamos alguna pregunta a la clase o preguntamos si alguien tiene alguna duda o comentario sobre el tema. ¿Qué es lo que sucede con estos alumnos que no quieren participar?

Las razones de la falta de participación son muchas: tiene que ver con la personalidad de los alumnos y del maestro, que pueden ser más introvertidos o extrovertidos; con el estilo de enseñanza del maestro, que puede lanzar distintos tipos de preguntas, proponer discusiones o dar retroalimentación positiva o negativa ante las participaciones de sus alumnos; con la estructura y tamaño del grupo e incluso factores ambientales como el acomodo de las sillas. Pero quizás una de las razones por las que los docentes más batallan es por la apatía.

La apatía es el estado de desinterés y falta de motivación o entusiasmo en que se encuentra una persona. Los alumnos apáticos se comportan con indiferencia ante cualquier estímulo externo y pareciese que no cuentan con energía, por lo que a veces los maestros ya no saben qué hacer para lograr captar su interés. La apatía se atribuye a varios factores como la ausencia de motivación, los problemas familiares, la insatisfacción personal o pérdida del sentido de vida. Es común también que el alumno se muestre apático como resultado de la sensación de no poseer el nivel de conocimientos para afrontar los retos de la clase.

Si bien la apatía es un factor común en los salones de clases, particularmente aquellos en los que hay adolescentes, es algo que no debería de normalizarse. Muchos maestros dejan de interesarse y continúan impartiendo su clase de la misma manera a pesar de la falta de participación de sus alumnos. Sabemos que lograr que los alumnos participen no es cosa fácil y que en muchas ocasiones requiere de un proceso de prueba y error, pero vale la pena aceptar el reto y realizar cambios para que nuestros alumnos tengan mejores oportunidades de aprendizaje.

Entonces, ¿qué se puede hacer al respecto? Existen estrategias para reducir la apatía en el salón de clases, pero antes de eso necesitas saber de dónde proviene el problema. Conocer a tus alumnos te permitirá identificar algunos de los motivos de su apatía. ¿Tienen proyectos a futuro? ¿Problemáticas familiares? ¿Se llevan bien entre ellos? ¿Qué tal está su nivel de conocimientos sobre el tema? ¿Cómo es su estilo de aprendizaje? Estas son algunas preguntas que puedes hacerte para profundizar más y empezar a generar soluciones.

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